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Hace ya años que la historiografía moderna presta cada vez más importancia a la historia local, esa micro historia que nos permite acercarnos al acontecimiento histórico de un lugar concreto y en la cual los protagonistas no son nobles, políticos ni militares famosos sino el pueblo llano, que la va escribiendo día a día con su trabajo sin esperar más recompensa que la mejoría de sus condiciones de vida.
Este es el caso del trabajo de Miquel Escrivà, convertido en libro gracias al apoyo del Ayuntamiento de Bellreguard, que estudia la evolución del cultivo de la naranja en esta población.
El libro sale a la luz en unos momentos en los que la citricultura valenciana padece la mayor crisis de su historia que provoca serias dudas sobre su continuidad, pero frente a esta situación bueno es recordar un pasado glorioso no para lamentarse sino para agradecer el esfuerzo y sacrificio de los que supieron sobreponerse y transformar sus economías caducas en nuevas fuentes de riqueza.
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